En la cascada helada se abre una grieta y se escucha el sonido del hielo al desplomarse.
Un espejo frente a mi, de experiencias que enseñar, un paraíso extraño y fuera de la sociedad.
Miro cada ramificación de tu ser, viendo un corazón caliente en un amasijo de huesos y piel.
Un abrazo que para el mundo y una luz que se ha de mantener en un mundo de cifras.
Te miro y no veo, te observo y no percibo.
Un mundo akashico donde exploramos simplemente dos almas, tal vez conocidas.
Y tú frente a mi, con tu melena morena, sigo sin ver.