Las ventanas del bus se dirigen a la ciudad sin nombre,
la única imagen reflejada es mi propio rostro.
Giro para preguntas a los pasajeros cuál exactamente
la próxima parada.
Me petrifico al ver, verme sentada
en distintos puntos de la nada,
siendo rubia, pelirroja,
mayor, vieja y bebe.
Todos los rostros hablan de mi
cada uno es una parte de mi
y sigo sin recordar en que momento
nos conocimos.
El revisor me pide el billete
y al ascender mis ojos para encontrarme con los suyos
me veo ahora, en mi presente
desnuda