11 jul 2017

Nepal


En agosto del 2014, viajé a Nepal. Más concretamente, un trekking por las montañas de Dolpo, acompañada de personas maravillosas. En este viajé cambié y redefinir muchos conceptos que traia en la mochila.

 Contamos para el viaje con un cocinero de amplio repertorio de recetas y de creatividad sin fin. Dudo mucho que yo hubiera podido cocinar con tanta calidad platos sencillos en aquellas cocinas "rudimentarias" que iban improvisando por el camino.




Dolpo, Nepal

 Recuerdo especialmente un día, en el cual había de postre manzana. Suena como algo especial y es que lo era poder comerla en mitad de la montaña.

Cuando la vi fue como un regalo, puesto que llevaba días sin una pieza de fruta entera. Solo el poder cogerla con las manos y morderla se me hacía boca agua. Así que cogí la pieza y la guardé en la mochila para disfrutarla más tarde, como merienda por ejemplo. Mientras tanto la iba celebrando en la mente.

Una vez acabada la hora de la comida, nos pusimos de nuevo en marcha.

Durante el camino nos íbamos encontrando algún pueblo y algunas casas aisladas. En un tramo de éste, había una sola casa donde vivía un matrimonio, en mitad de la nada. Le preguntaron al guia si teníamos algo de comer. En ese momento pensé en el pequeño tesoro que llevaba custodiando en la mochila: la manzana. Reconozco que me lo pensé. Mi mente se aferro aquel trozo verde: el morderla, cogerla con las manos, etc. Iba dándole vueltas en la mente mientras aquel matrimonio hablaba con el guía. Finalmente, abrí la mochila y les regalé el pequeño tesoro verde.
  
En unas horas, tendria delante un plato caliente de comida entre aquellas montaña y en 15 días la posibilidad de comerme todas las "manzanas" que quisiera. Para aquel matrimonio, probablemente no fuera así. Eso me hizo pensar sobre la diferencia de pertenecer a un sitio o a otro, de como nos aferramos a cosas mínimas por su significado y el valor que le damos a éstas. 

Desde entonces para mi una manzana es un regalo y descubrí, ese día, realmente su valor.




22 jun 2017

La vie en rose



Adoro viajar. Creo que de cada viaje te traes algo contigo que perdura toda la vida. Es posible que estéis pensando en los souvenirs y si es así, no son los que todos tenemos en mente. Nada tiene que ver con esas figuritas ni imanes para la nevera. Hablo más bien de esos pequeños detalles que te suceden mientras paseas, tomas algo o simplemente te sientas en un rincón de la ciudad.

Esta historia tiene como escenario Marrakech. 

Destino elegido para la celebración de una historia de amor. Ha sido mi viaje de luna de miel.

Durante el viaje pasamos por arena del desierto del Erg chebbi y las rocas del Atlas donde nos sentimos un poquito más altos en el Toubkal. 
Saboreando los últimos dias del viaje, me llamo la atención una plaza, varios cestos y un adolescente.

Hay una pequeña plaza, entre las calles de la medina, que casi todo lo que venden son productos hechos con mimbre. Mi marido y yo decidimos hacer un poco el turista y sentarnos en la terraza de un bar a tomarnos unos zumos. Delante nos quedaba, algunos puestos de los antes mencionados. Era ramadán, así que “cerraban antes” y era hora de recoger. Una chica de las mesas vecinas se levantó y compro su mensaje positivo cosido en un cesto de mimbre. Me quedé mirando la escena entre el adolescente de piel tostada y la turista blanquecina. Dos mundos tan diferentes, tan distintos, tan abismales. Pregunté en voz alta a mi marido si ese chico sabía que significaban todos aquellos mensajes en los cestos: Madame à la plage, La vie en rose. ¿Tendría oportunidad de ver algún día la playa? ¿Y vivir una vida rosa? Describiendo la escena, aquel chico seguía la herencia de la familia, allí estaba su madre, como jefa de aquel puesto, recogiendo juntos sus enseceres de subsistencia. Recogiendo sueños e ilusiones que tal vez nunca tengan oportunidad de saber que son. Atados al tiempo y un lugar dentro de aquella plaza.




Allí sentada en la terraza como una turista más, junto a la barrera de seguridad que te otorga, me hizo reflexionar el destino caprichoso de haber nacido en un lugar o en otro. Y donde tal quien sabe, yo no sea menos esclava que ellos en mi mundo.

26 abr 2017

Una tarde de té

Era un día soleado, así que mejor opción para nuestros protagonistas de sentarse a ser tocados por el sol en una terraza de un bar. Pidieron cada uno un té diferente. Los trajeron con la confusión de cual era cada uno:
- Creo que este es el tuyo y por descarte el otro el mio.
- ¿Cómo lo sabes?
- Por el color?
- ¿Estás seguro? 
- No del todo.
- Vamos hacer una prueba, cierra los ojos y dejate llevar por otros sentidos. Los vas a oler y luego probar. Cuando lo hayas hecho me das una respuesta.

Cogió primero una taza y se tomó su tiempo para olerla y saborearla. Luego hizo lo mismo con la otra. 
- Son al reves, me ha confundido la vista!

Con una agradable conversación, juntos saborearon el té y de un día radiante.

Moraleja: A veces las primera impresiones no son ciertas. Utilicemos los otros sentidos y el tiempo para conocer lo que tenemos delante de nosotros.


19 abr 2017

Las aves de la relación



 Iba paseando una pareja por un mercadillo donde ella se paró en un puesto y vio unos lindos pájaros de decoración. Uno azul y otro rosa, decorados con plumas artificiales y abalorios brillantes a modo de aves del paraíso. Ella los compró y le dijo a su pareja: 
     - Quiero que estos pájaros sean un símbolo de la libertad de poder hablar conmigo con total sinceridad, y yo me aplicaré lo mismo hacia ti.
 Pasaron los días, y él miraba aquel pajarraco azul que lo miraba desde el escritorio. Así que ni corto ni perezoso decidió encerrar aquel pájaro incómodo en una jaula.
 Mientras tanto, su pareja puso su ave del paraíso en lo alto de la estantería para que se sintiera libre de surcar los cielos. 
 Pasaron los días, y el ave rosa llamada Confianza empezó a sentirse triste. Sentía como si hubiera una parte de ella encerrada y negada. Así que decidió emprender el vuelo y buscar su otra parte, que fue separada en un mercadillo. Se propuso encontrar a su compañero: Sinceridad.
 Surcó casas, techos y árboles. Llamándolo con ahínco hasta que por fin descubrió, a través de una ventana de un alto edificio, a su compañero. Cuando vio la escena se sintió profundamente triste, como si una parte de ella hubiera muerto. Ver a su compañero Sinceridad entre rejas le partió el alma.
Así que aprovechó una rendija de la ventana para entrar. Cuando Sinceridad vio a Confianza, levantó su cabeza con su bonito crestado y le dijo:
     - Huye, estas a tiempo Confianza. Te van a matar! Huye!
     - Sinceridad, no puedo vivir sin ti. Me siento triste y mi alma está rota. Te voy a sacar de aquí!
Y así lo hizo Confianza! Con su ingenio abrió la puerta de la jaula y Sinceridad salió de ella. Acto seguido salieron por la ventana Confianza y Sinceridad.

Moraleja: Si pretendes encerrar la Sinceridad en una jaula, sin duda ella y Confianza salgan por la ventana de la relación.

17 feb 2017

Respuestas

Costabona
Se agota el tiempo para cumplir el pacto, se traza el círculo sagrado con la prueba final.
Creí estar preparada para obviar esta parte pensando que nadie se acordaria. ¡Insulsa mi inocencia! Las dudas florecen como los almendros en mi debate entre ser y existir, dentro de una locura colectiva que ni siquiera participé en crear. 
Atada a un sistema rígido, arcaico y sin incluir a la humanidad, seguimos mirando un firmamento que deja de ser recto en nuestros pensamientos. Espejos de mil cristales se presentan a en nuestro vivir, dándonos a mostrar lo mejor y lo peor que hay en ti. Reflejos de agua marina en nuestras pupilas que navegan en nuestros pensamientos, nos hacen pararnos y ser conscientes de que hacemos aquí.
Dime si tu sientes lo mismo al vivir. Seguro que en algún rincón donde guardas tu alma, has sentido el anhelo profundo de algo que esta más allá de sentir. Explorador de respuestas, buscador de linternas, todos vestimos ropajes en el cometido de un propósito que no logramos descifrar.
Los segundos del reloj resuenan en una caja llena de corriente sangüineo que un día se apagará y cesaremos nuestros ojos para volver a despertar.
 


15 feb 2017

La oruga

Perdiste tus credenciales, esos que ganaste en la partida jugando a la oca. Si aquellos que comiéndote una podías tener el mundo entero, bañado en oro  y sin limites.
Todas aquellas medallas que se te otorgaban como el trofeo que te hacia merecedor de tus virtudes se hicieron añicos el día que pisaste una oruga por ser menos que tú. Rompiste el ciclo de una vida que un día tendría alas para adentrarse en el miedo de saltar al vacío y darte la vida de las flores. Tan simple para que tú pudieras respirar. Detalle por detalle, tan simple como ser en la ciénaga que nos ha visto nacer. Vístete de hilos de plata y oro, adórnate con coral y diamantes, nada hará cambiar que tus pies se llenen de excrementos. Si pretendes tener una alfombra roja sobre la tierra es que no entendiste el chiste ni las luces de los faros. Camina, avanza, existe.