29 dic 2016

Nosotros

Vallter 2000, Torreneules
Vemos huellas hundidas sobre el agua cristalizada en la piel de nuestra madre. Tantos camino y tantos pasos a la vez que nos hace difícil ver cuales son los nuestros. Mezclas de marcas y signos que se dirigen a objetivos diferentes. Me agarraste de la mano y bajé mis ojos llenos de estrellas a tus dedos entrelazados entre los míos. Con una sincronicidad natural que otorgan las muchas vidas que hemos estado juntos, en silencio alzamos nuestros ojos al puente que se transformaba ante nosotros: etéreo y resiliente. Decidimos poner en funcionamiento el motor de nuestras piernas e iniciamos el camino a lomos de una larga columna vertebral de algún ser vivo sempiterno. Entonces, mi mirada encontró la tuya y tu mano encontró mi mechón caído sobre mi cara. De golpe, entre risas y sueños, nos ilumino nuestro padre para susurrarnos “hasta luego” dejando un reguero de luz entre la nieve y hielo que se ocultaba entre dos hermanos que una vez besamos con nuestros pies. De tus labios salió un sonido melifluo del cual se podía leer mi nombre entre montañas, nieve y arrebol. Allí el corazón volvió a latir, sintiendo el flujo sanguino elevarse y brotar con fuerza. Nuevamente volviste a endulzar tu labios con mi nombre y los míos articularon el tuyo en el marco de nuestro jardín. Solos tu y yo para convertirse en nostros.