13 oct 2015
Mahābhūta
Cada vez que camino por tus alturas, Madre, me haces descender al fondo de mi. Camino por tu savia helada, dispuesta a encontrar lo que guardas, sin saber que el descubrimiento soy yo. Cuando creo no poder más, me envias una mariposa para recordarme que cuidas de tus hijos. Cuando creo abandonar, me haces llegar a través de tu respiración mi nombre. Una vez he llegado a tu azul, me recompensas arropándome con el sol y tus mar de cumbres. Descubro la infinidad de relieves y nombres que tienes, Madre, y en todos allá donde voy, encuentro mi hogar siempre junto a ti.
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Así es, no podemos separarnos aunque en muchas ocasiones estemos distantes.
ResponderEliminarGracias.
ResponderEliminarCierto, a lo que pertenecemos nos acompaña.