| Villefranche de Conflent, Francia. |
Con los pies descalzos sin más adorno
que un corazón latiendo.
Vuelvo a ti, Madre,
para bendecir los dones
que cultivas para la humanidad.
Bailo en tu alfombra de piedra y musgo,
para hornarte por las miles de formas que adoptas
En miles de disfraces y colores te conviertes,
en miles de nombres te llamas.
Por ti, me he convertido en viajera del tiempo
para reconocerte en tus mil caras y cuerpos.
A cambio, tú me recuerdas
sin pedir nada a cambio
que somos tus hijos de conciencia amados.
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